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Por qué AIM ÆGIS

Una plantilla no se inventa la ley.
Tampoco se entera de que ha cambiado.

Te van a decir que una IA puede inventarse una norma. Es verdad, y por eso la nuestra no se cree: se comprueba contra el texto oficial antes de enseñártela. Lo que no podemos verificar, no se publica.

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Obligatorio para tu entidad. Plazo: 30 días.

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Aceptar y rechazar con la misma facilidad. Sin casillas premarcadas.

Art. 22 LSSI
Evaluación de impacto

Depende de tus tratamientos. Requiere criterio profesional antes de firmarla.

Pendiente de revisión

Cada línea lleva su artículo. Puedes ir al BOE y comprobarlo tú — es la idea.

La distinción que importa

No es lo mismo,
aunque lo llamen igual.

Casi todo lo que hoy se vende como inteligencia artificial es un cuadro de texto esperando tu pregunta. Lo que construimos nosotros no espera: recibe un objetivo, hace el trabajo y responde de él.

01

Un chatbot espera.

Responde si le preguntas y se olvida. El trabajo sigue siendo tuyo — él solo opina desde una ventana aparte.

  • espera tu pregunta
  • contesta y se olvida
  • si se equivoca, nadie se entera
02

Un agente trabaja.

Recibe un objetivo y lo persigue hasta cerrarlo, dentro de tu operación: el boletín oficial, tus documentos, tus plazos.

  • recibe un objetivo
  • decide el siguiente paso y lo ejecuta
  • deja rastro de cada acción
03

Un agente cognitivo sabe lo que hace.

Entiende el contexto de tu empresa, explica cada decisión hasta su origen y, cuando no lo sabe, lo dice. Por eso se le puede confiar trabajo de verdad.

  • entiende el contexto
  • justifica cada decisión
  • sabe decir «no lo sé»
  • es uno más del equipo

Eso no es un matiz técnico: es la diferencia entre una herramienta y alguien de tu equipo. A lo nuestro lo llamamos IA agéntica cognitiva, y la parte difícil de copiar no es que trabaje — es que sepa lo que hace.

Dentro de cada producto late lo que llamamos IA agéntica cognitiva — y tiene bastante más de psicología aplicada que de programación aplicada. Cómo está construida se queda en el laboratorio. Lo que te importa se nota en los resultados: entiende el contexto de tu empresa, justifica cada decisión hasta su origen y, cuando no lo sabe, lo dice. Pídele esas tres cosas a cualquier otro sistema y compara.

IA agéntica cognitiva

La IA que da miedo
es la que responde de memoria.

Casi todo el software «con IA» es un chatbot pegado al final de una arquitectura vieja. Le preguntas y te contesta desde lo que recuerda de su entrenamiento. Por eso se inventa artículos: la ley vive dentro del modelo — congelada, sin fuente y sin manera de comprobarla.

Un chatbot

La ley vive en el modelo

Responde de memoria. No sabe de dónde lo saca, no distingue lo que sabe de lo que supone, y no se entera cuando la norma cambia.

Un agente cognitivo

La ley vive fuera, con su fuente

80 marcos y 1456 artículos en una base con su origen oficial, actualizada a diario desde el boletín. El agente no recuerda la ley: la consulta, la razona y la cita.

Los reproches que se le hacen a la IA son justos. Uno por uno:

Se inventa las cosas

«Una IA puede citarte un artículo que no existe.»

Verificación contra la fuente

Antes de publicar nada, el sistema comprueba que el pasaje citado aparece literalmente en el texto oficial. Lo que no puede verificar, no se publica: se aparca.

Es una caja negra

«No puedes saber por qué te ha dicho eso.»

Cada afirmación con su artículo

Nada aparece sin su referencia y su fecha. Un sistema que no puede justificarse no se puede usar para decidir.

No sabe lo que no sabe

«Te responde con la misma seguridad acierte o falle.»

Estado «pendiente» explícito

Cuando algo depende de tu caso o exige criterio profesional, se marca como pendiente en vez de sonar a certeza. Es un estado del producto, no una nota al pie.

Se queda obsoleta

«Su conocimiento es del día que la entrenaron.»

El boletín, cada día

La ley no está dentro del modelo: está en una base que se actualiza a diario. Lo que cambia y te afecta llega a tu panel con su artículo.

Es genérica

«Da la misma respuesta a una peluquería que a una clínica.»

Tu actividad, tu tamaño, tu sector

El árbol de evaluación se ramifica con lo que respondes: sectores con sus obligaciones propias y sus casos documentados.

Nadie responde si falla

«Un software no asume responsabilidad.»

Por eso declaramos la frontera

Decimos por escrito qué resuelve el sistema, qué necesita que lo valide un profesional y qué exige una persona — antes de que lo descubras tú.

No te pedimos que te fíes. Cada afirmación lleva su fuente al lado y su fecha, de modo que no dependes de nuestra palabra: lo compruebas tú, en el texto oficial.

Y ahora los reproches que no le hace nadie a un despacho:

Se da por hecho

«Un profesional no se inventa la ley.»

Cierto. Pero no puede estar en todo

Un asesor con ochenta clientes no puede leer el boletín cada día para los ochenta. No es una cuestión de competencia: son horas.

Se da por hecho

«Un documento firmado por un profesional es seguro.»

Lo era el día que se firmó

Después nadie vuelve a mirarlo. Los expedientes no avisan cuando la ley que los sostiene ha cambiado, y el cliente se entera durante la inspección.

Se da por hecho

«Si algo falla, alguien responde.»

Sí — cuando te enteras de que ha fallado

Un olvido humano no deja rastro: nadie sabe qué martes no se leyó el boletín, ni qué plantilla era de hace tres años. Un sistema deja constancia de todo, incluso de sus fallos.

La diferencia no es quién se equivoca. Es si puedes enterarte.

Por eso esto no viene a sustituir a tu asesor: viene a darle la parte que ninguna persona puede sostener sola — la vigilancia diaria, la trazabilidad y la constancia. El criterio sigue siendo suyo. Los boletines los leemos nosotros.

La frontera declarada

Te decimos también
lo que no hacemos.

Cada tarea de tu cumplimiento cae en uno de estos tres sitios. Lo escribimos antes de que lo descubras tú.

Lo hace el sistema

Documentos, cálculos, plazos

Registro de actividades, políticas, protocolos, registro retributivo, vigilancia normativa y la carpeta de inspección con su trazabilidad.

Lo valida una persona

Lo que exige criterio

Evaluaciones de impacto, modelos de prevención penal, análisis de riesgo, justificación de brechas retributivas. El sistema hace el trabajo pesado; la decisión lleva nombre.

Requiere una persona

Y no lo vendemos

Representación ante la autoridad, investigación de un caso de acoso, negociación con la plantilla, designaciones que la ley exige internas.

Ningún competidor te dará esta página. Es exactamente por lo que la damos nosotros: saber dónde acaba la herramienta y empieza la persona es lo que te deja dormir tranquilo.

Quiénes estamos detrás

No somos una startup
que se metió en lo legal.

AIM ÆGIS es la división de cumplimiento de Biomag S.L.U., una empresa industrial europea que fabrica y vende producto desde 1999 en más de veinte países. Llevamos veintisiete años construyendo los sistemas que sostienen esa operación. No nos metimos en el software el año pasado: llevamos casi tres décadas viviendo de él.

Somos unas treinta personas, con nombre, domicilio social y teléfono. Cuando hace falta hablar con alguien, hay alguien. Y cuando algo requiere la firma de un profesional colegiado, te lo decimos y te ponemos en contacto. Ni el producto ni nosotros fingimos ser lo que no somos.

1999
Año de
fundación
27
Años
operando
20+
Países
~30
Personas
0
Cookies
de rastreo

Biomag S.L.U. · CIF B01037241 · Barratxi 39, Pab. 3 · 01013 Vitoria-Gasteiz · info@biomag.es

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