Demuestra qué hizo tu IA,
y que no lo escribiste después.
Desde el 2 de agosto de 2026, quien despliega un sistema de inteligencia artificial tiene obligaciones que debe poder acreditar. No existe un formato acordado para hacerlo. Este es el nuestro, y lo publicamos entero para que puedas usarlo, criticarlo o implementarlo aunque no seas cliente.
«Nuestro sistema hizo esto» no es una prueba.
Cualquier producto puede escribir un registro de lo que hizo su IA. El problema es que lo firma quien lo emite: nada impide, técnicamente, generarlo después de una inspección y fecharlo antes. Un registro que solo tú puedes comprobar no le sirve a quien tiene que comprobarlo.
Por eso esta especificación separa dos propiedades que suelen confundirse, y exige cumplir las dos:
1 · Inalterable
Cualquier cambio —una fecha, un nombre, un sí por un no— produce una huella distinta. Se consigue con criptografía y no depende de confiar en nadie.
2 · No retrodatable
Se puede demostrar que existía en una fecha. Esto no lo puede dar quien emite el documento, por definición. Exige un tercero que selle la huella.
Lo que hay que poder responder.
La estructura sale de la pregunta que hace un inspector, no de lo que es cómodo registrar:
- Qué sistema y en qué versión — un identificador estable, no el nombre comercial del proveedor.
- Con qué finalidad se usó.
- Sobre qué trabajó: qué secciones de qué documentos redactó.
- Si estaba anclado a una fuente normativa, o escribió por su cuenta.
- Quién lo supervisó: nombre y fecha de la persona que revisó y aprobó.
- Qué NO cubre el expediente, dicho explícitamente.
Ese penúltimo punto es el que más se omite y el que más importa. Un registro que dice lo que hizo la IA pero no quién lo aprobó no acredita supervisión humana: acredita lo contrario.
Sin pedirnos permiso.
El expediente se descarga en JSON y lleva dentro las reglas para recalcular su propia huella. Cualquiera puede comprobarlo con cinco líneas de código:
import json, hashlib
d = json.load(open("expediente.json"))
publicada = d["verificacion"]["huella"]
d["verificacion"]["huella"] = None # la huella no se cubre a sí misma
for k in ("emitido_el", "emitido_iso"): # cubre los hechos, no la hora de imprimir
d.pop(k, None)
recalculada = hashlib.sha256(
json.dumps(d, sort_keys=True, ensure_ascii=False,
separators=(",", ":")).encode("utf-8")
).hexdigest()
print(publicada == recalculada) # True = intactoLas dos exclusiones no son detalles. Sin la primera la huella sería irreproducible —no se puede resumir algo que ya te contiene—. Sin la segunda cambiaría en cada descarga, y entonces nada de esto serviría para nada.
El sello lo pone un tercero.
La huella demuestra que el expediente no ha cambiado. Para demostrar cuándo existía hace falta que alguien que no seas tú lo atestigüe. En nuestra implementación lo hace un servicio de sellado independiente que publica una página de verificación abierta: se comprueba sin cuenta y sin fiarse de nosotros.
Un sello cubre la huella que atestiguó, y solo esa. Si el expediente cambia, el sello anterior no deja de valer: sigue demostrando cómo era en su fecha. Por eso la especificación pide conservar el historial completo en vez de sustituir un sello por el siguiente. Esa línea temporal es lo que mira un inspector.
«Ninguna IA viene con seguro de responsabilidad civil.»
Es una objeción real y se hace en el mercado. La versión completa es esta: una IA puede redactar un documento que parece correcto y no se ajusta a tu actividad, y cuando llegue la inspección no habrá nadie que responda. Quien la plantea tiene razón en el fondo del problema.
Nuestra respuesta no es «confía en nuestra IA». Es que no tengas que confiar:
- Cada sección redactada con asistencia queda anclada a su fuente legal, y el expediente dice cuál. Si no pudo anclarse, también lo dice — eso es más honesto que un documento que no distingue entre lo comprobado y lo inventado.
- Ningún documento produce efecto hasta que una persona identificada lo aprueba. No es una recomendación: nace en borrador y consta quién lo revisó y cuándo.
- Todo eso es comprobable por un tercero sin pedirnos permiso, con la huella y las reglas publicadas. Y sellado, para que no pueda escribirse después de los hechos.
- Cada documento declara dónde acaba. Diez plantillas del catálogo dicen explícitamente qué obligación NO queda cubierta con el papel.
Un seguro responde después de que el daño ocurra. La trazabilidad sirve antes: permite ver qué se hizo, sobre qué base y quién lo validó, cuando todavía se puede corregir. Las dos cosas son buenas y no se sustituyen — pero solo una te deja comprobarlo tú mismo.
Y una precisión honesta: que un expediente sea auténtico no significa que la empresa cumpla. Significa que lo que dice es exactamente lo que se emitió. Confundir las dos cosas sería justo el error que esta especificación existe para evitar.
Úsalo. No hace falta pedirlo.
Esta especificación es de uso libre, también para competidores. No pedimos atribución ni licencia.
El motivo es interesado y lo decimos: un formato se copia en una semana, así que guardarlo no protege nada. Que exista un formato y que los auditores aprendan a leerlo vale más que ser el único que lo tiene. Y publicarlo nos obliga a que nuestra propia implementación sea comprobable, que es el punto entero.